Me sabrán disculpar señoras lectoras. Me tomé unas vacaciones de las colaboraciones domingueras porque la realidad se impuso por un ratito. Pero ¿sabés qué?  Aunque la realidad me importa y mucho, tengo el hábito de ignorarla selectivamente cuando es necesario. Es lo que tenemos las desmesuradas. Y si somos blogueras… ni te cuento.
Ana María es generosa con su espacio por este motivo, me tomo la libertad de escribir un post autorreferencial. Porque esta es una entrada dedicada a la reflexión sobre las características de una tribu de blogueras que me toca de cerca. Más que de cerca: las desmesuradas.

No me digas nada. La desmesura se me nota a la distancia. Si cuando titulé mi blog –hace cuatro años- no dudé ni medio segundo cuál sería su nombre: soy desmesurada por naturaleza. Mujer hiperbólica en aspiraciones y palabras. Conocer La Desmesurada es un viaje a la exageración de todo propósito. Porque a nosotras las medidas nos tienen sin cuidado. Y todo nos parece poco.

 

Ahora mismo estás en duda. Tenés una molesta inquietud: ¿Y si soy una desmesurada y no me había enterado? Nunca lo habías pensado seriamente, sin embargo, intuís que no dormir tres noches seguidas para instalar el servicio de suscriptores en tu blog es una pista…

 

Dale. No voy a dejarte con ese cuestionamiento molesto. ¿Querés saber si vos también sos una desmesurada del blogueo? Reservá cinco minutos de tu vida para leer este post y después, me contás en los comentarios qué pensás al respecto.

 

 

Como si fuera poco con ser mujer, nací desmesurada. En todo. Me adelanté dos meses a la fecha de parto y lloré durante las noches por meses, porque me negaba a dormir. Cuenta la leyenda que mi padre pretendía “esconderme” en el ropero hasta que cumpliera diez años…Por lo visto era lo suficientemente graciosa como para que me soportaran los berridos nocturnos sin el castigo traumático.

 

Así empieza la historia de toda desmesura: antes del nacimiento. Porque si sos desmesurada, lo sos desde siempre mi santa. Desde el primer respiro. La desmesura no se contagia como una gripe, viene codificada en tus genes y actúa como una fuerza instintiva. ¿Sentís el anhelo permanente de más? La desmesura se mide por la intensidad de la sospecha. Nosotras percibimos que la vida tiene algo más para ofrecer y no queremos perdérnoslo. Si es necesario transgredir todos los usos del buen gusto, se transgreden. ¿Una desmesurada aceptando límites? Permitime que me ría un rato. El universo está lleno de significado. Si hay que romper algunas reglas para encontrarlo, no va ser una la que siga al pie de la letra las legislaciones al uso.

 

No te confundas. Ser desmesurada no es ser rebelde sin causa. Eso es de otra década. La rebeldía no tiene propósito necesario y la desmesura sí. Puede ser que el tuyo sea muy personal y a veces incomprensible para quienes te rodean pero más allá de los gestos hiperbólicos hay un fin ulterior. Sea cual sea: siempre es inmenso y colaborador. Por eso, las desmesuradas tenemos una relación emocional con Blogger. Un blog desdibuja las fronteras y nos permite comunicarnos sin prejuicios (bueno, un poco más desprejuicidamente). Además, tarde o temprano, nos encontramos entre nosotras, nos reconocemos y nos sentimos menos raras y no tan desmesuradas como parecía.

Yo también soy una bloguera desmesurada.

 

Empecemos por el origen: las desmesuradas vivimos al borde del toc. Nos obsesionan los detalles insignificantes. Eso que nadie aprecia a simple vista pero a nosotras nos rompe los ojos. Las pequeñas incorrecciones del universo que nos hieren la sensibilidad estética y hacen que los otros seres humanos –los que no sufren de la deformación hiperbólica- te miren cuestionándose tu salud mental. ¿A quién le importa si en la fotografía de tu último post la línea de corte de la torta marmolada no es limpiamente recta? Obviamente a vos te importa y aunque mires para otro lado, el corte sigue ahí, impúdico y torcido.

 

Es posible que vos misma hayas llegado a dudar de tu equilibrio psíquico en alguna ocasión porque, convengamos, nos damos cuenta de nuestro propio paseo mental. No hay ser más frustrado que una desmesurada que no se acepta como tal, resistiéndose a los gritos de su propia naturaleza. La que hace  de cuenta que no ve. La que cierra los puños para no decir: “te quedó 2 milímetros torcido”. Porque serán cifras estimadas e insignificantes pero, qué querés que te diga. A mí, dos milímetros me cambian la  vida. Con decirte que  en mis lejanos comienzos de bloguera (cuando todavía no existían frikysmama’s  que te oritentaran en el árido terreno de los códigos CSS) dediqué horas y horas a los dos milímetros de distancia que a mi juicio faltaban entre la cabecera y el cuerpo del blog… Sí. A ese punto.
Si esto te pareció raro y te estás preguntando cómo se vive de esa forma, desde ya descontate de las filas de esta tribu. Por el contrario, podés sumarte a la lucha descarada contra toda forma de mesura si:

 

  • Tenés un blog y cambiarías la plantilla todas las semanas. Es que todas son lindas… Si te controlás no es porque no tengas el impulso sino para no desorientar a las lectoras que entrarían cada lunes a un blog nuevo.

 

  • Te gusta incorporar a tu rinconcito virtual todo lo que vas aprendiendo. Y experimentás sin remedio todo recurso novedoso o herramienta recomendada con el entusiasmo de un escolar con útiles recién estrenados.

 

  • La última vez que intentaste renovar el aspecto de tu blog no dormiste hasta encontrar por qué corno el nuevo plug-in de Facebook no se veía bien en tu plantilla. O cómo era que se hacía para tener redes sociales en la barra superior…

 

  • Las desmesuradas somos grandes adivinas del código. De pronto, a eso de las tres de la mañana, todas las letritas se transforman en una fila de hormigas bailarinas pero vos no naciste para rendirte. Si hay que configurar, hay que configurar. Hasta que salga.

 

  • No tenés idea lo que se siente escribir 300 palabras. Si por vos fuera cada post sería extenso y desmesurado como cada fibra de tu alma bloguera… Es que tenés mucho para decir y poco poder de síntesis. Seamos honestas, eso de resumir, nunca fue para mí.

 

  • ¿Quién dijo que no puedo? Una se lanza y después vemos. La desmesura y la prudencia no van de la mano. Si medís cada uno de tus pasos para escribir y antes de publicar un post hiciste un cálculo de riesgos y posibilidades…Seguramente no sos una desmesurada.

 

 

Y así vamos por la vida. Cuando es mucho es mucho de verdad. Y cuando hay que ser simple exagerás en la sencillez. ¿Términos medios? No tengo idea lo que son. ¿Vos?

 

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¿Qué os ha parecido el post de Paula? Después de leerlo me he dado cuenta que tengo más de desmesurada que de friki y mamá juntos…jeje. Un saludo a todos y gracias por leernos y si ya compartes, sería la leche!!!.

 

Diseñoblogs

 

 

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Ana María

Mamá, bloguera y emprendedora por sorpresa con alma inquieta. El diseño es mi pasión y la redes sociales mi hábitat preferida. Mi misión: ayudar a otros bloggers a crear su proyecto online de una manera creativa, personalizada y profesional.

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